Las últimas décadas han sido testigos del desarrollo y la consolidación de las franquicias como metodología para emprender en una buena parte de los sectores de la actividad económica de nuestro país, con especial incidencia en los servicios. En efecto, no resulta difícil encontrar emprendedores, que ante la ausencia de una idea o de un modelo de negocio claro, optan por asumir modelos de negocio ajenos, buscando la seguridad, la confianza o el apoyo que tal vez no pueden hallar en sus propios proyectos de empresa, en caso de tener alguno.
Parece claro que un emprendedor que elige comenzar su actividad como empresa franquiciada, espera o busca de su franquiciador el respaldo de una marca comercial más o menos poderosa; un modelo de negocio y su correspondiente know-how; formación y asesoramiento; y lo más importante, beneficiarse de un plan de marketing global que le brinda ciertas expectativas de ventas. Por expresarlo con otras palabras, un emprendedor franquiciado es un empresario que elige ser innovador por delegación, ya que confía más en las ideas innovadoras ajenas que en las propias, aunque tal opción represente aceptar cierta dependencia respecto de la firma franquiciadora.



