Marcar los lÃmites precisos de la innovación debe ser algo parecido a decir en qué coordenadas acaba el horizonte o especificar el punto final del cielo. Está claro que ni tan siquiera en el marco de contextos formales o de modelos de gestión de negocios podemos trabar la creatividad o poner fronteras a la innovación. En primera instancia, las ideas deben fluir con libertad, y solo con posterioridad habrá de llegar el momento de formalizarlas y convertirlas en procedimientos útiles para la organización. En efecto, sin creatividad no hay innovación y sin innovación tampoco hay mejora continua ni competitividad.
Pero ¿cómo conseguimos que la creatividad aparezca en nuestras empresas?, ¿existen facilitadores para la creatividad? Probablemente la respuesta sea afirmativa, pero casi siempre nos enfrentamos a la leyenda común de que la conversión de la creatividad en un hábito es algo inviable, por definición.
Para afrontar ese tópico encontramos iniciativas que representan una aportación en la búsqueda de procedimientos fiables para que los enunciados creativos aparezcan. En esta lÃnea, queremos destacar a Michelle James (directora ejecutiva de The Center for Creative Emergence, de Washington DC) y su experiencia con cientos de organizaciones en un programa de facilitación creativa, basado en los principios universales de la creatividad, la educación, la investigación, la práctica del ensayo y error y la aplicación efectiva del proceso creativo. A partir de la experiencia acumulada, Michelle James nos propone una relación de fundamentos crÃticos para facilitar la creatividad en el trabajo:
- Hay que tener claro cuál es nuestro objetivo y nunca confundirlo con las tareas que pueden conducirnos a su consecución. Hacemos referencia a los objetivos globales de la organización o los que tienen que ver con proyectos finalistas y que no tienen por qué contar con propósitos exclusivamente cuantitativos o comerciales. Si focalizamos nuestra atención en las tareas limitamos nuestro potencial creativo y solo somos capaces de enunciar ideas más o menos llamativas u originales, pero de escasa utilidad.
- Admitir con naturalidad los errores y extraer partido de ellos, ya que pueden ser una inagotable fuente de ideas útiles. La historia de los negocios está llena de errores que dieron lugar a situaciones posteriores de éxito. De la misma forma que para un vendedor las objeciones son la materia prima de cara a descubrir las necesidades de los clientes, un directivo o un técnico también deben aprender a leer los aspectos prácticos innovadores y las soluciones que puede depararnos un error o una idea inicial aparentemente equivocada.
- Es necesario tutorizar y moderar la evolución del proceso creativo, es decir dirigir y animar la producción de ideas y su posterior conversión en soluciones útiles para la empresa. De la misma forma en la que se dirige, se estimula, se retroalimenta, se reajusta y se controlan los tiempos en una reunión de trabajo cualquiera, también resulta necesario ejercer una acción similar en las sesiones de trabajo creativo.
- La producción de ideas útiles requiere esfuerzo, no surge como una inercia fácil y cómoda. Para que el trabajo creativo nos resulte de utilidad, es imprescindible explorar territorios en los que no siempre nos sentimos cómodos, ya que a menudo es preciso un trabajo de documentación previa o centrar nuestra atención en temas con los que no estamos del todo familiarizados. Hay que insistir en que la creatividad no sirve para nada si no viene precedida y sucedida por el trabajo duro de un equipo.
- Buscar el pensamiento divergente, pero también el pensamiento convergente, según el momento. Tan útil puede ser centrar y focalizar el trabajo en temas muy concretos, como buscar puntos de conexión con temas tangenciales que puedan acercarnos a nuevas ideas y soluciones. Es necesario alternar ambas pautas, de forma equilibrada, y con feedback de cada momento. Ha de existir un equilibrio dinámico.
- Fomentar el sentido del humor y un cierto nivel de diversión en los procesos de trabajo colectivo. El humor y la diversión pueden ser facilitadores funcionales.
- Utilizar contenidos y soportes alternativos para presentar o centrar los temas. A menudo, una historia, un relato, un artÃculo, un vÃdeo, un fragmento de una pelÃcula, un cómic o una viñeta de humor gráfico son eficaces motivadores y facilitadores para el trabajo creativo en grupo.
Es obvio que no existe un solo procedimiento o una fórmula que se muestre siempre eficaz para hacer aparecer la creatividad, pero estas pautas abiertas que nos proporciona Michelle James tiene su origen en una diversidad de contextos organizativos que nos permiten aconsejar su práctica genérica.


Sin lugar a dudas en temas de creatividad, Edward de Bonno con su pensamiento lateral nos da las claves para ser realmente distintos
Hola José Luis:
Sin duda, se trata de una aportación crÃtica e irrenunciable. No obstante, es un tema en el que no paran de generarse modelos y novedades.
Gracias.