Recursos Humanos

Cuando se habla de gestión de personas, una de las cuestiones más delicadas que pueden tratarse hace referencia a la condición de jefe, de responsable o de directivo. Es muy habitual derrochar abundante prosopopeya sobre los líderes, sobre el liderazgo, sobre los estilos de mando o sobre mil cuestiones teóricas más, que tienen que ver con la dirección de equipos o de proyectos, pero muy pocas veces encontramos qué es lo que hay detrás de un ‘buen jefe’ o de quiénes no merecen tal calificación.

Es obvio que cualquier persona que esté leyendo este artículo nos dirá que un ‘buen jefe’ es aquel que consigue cumplir los objetivos de la organización dentro de unos plazos asignados. Pero esta definición resulta muy poco informativa, ya que no distingue a un jefe autoritario de otro que base su acción en la participación. Y mucho menos aún nos permitirá efectuar una valoración diferencial entre los jefes tradicionales y los líderes dos punto cero.

Todo ello sin entrar a considerar que los valores de la empresa también cuentan, y se puede alcanzar la condición y el reconocimiento corporativo de ‘buen jefe’ dejando tedio, frustración e insatisfacción en nuestro camino. Está claro que hay unos objetivos a alcanzar, pero un modelo de innovación siempre nos obligará a perseguir la participación, la satisfacción y la acción colaborativa del equipo de trabajo.

Leer el resto

El desarrollo de carrera profesional en un entorno de competitividad e innovación requiere un gran esfuerzo por parte de las personas para formarse, actualizarse y mantener actitudes de continua proactividad. Ser un profesional innovador no es fácil y, mucho menos aún si consideramos que cualquier técnico o cualquier directivo puede mantenerse en activo 3 ó 4 décadas y transitar, al menos, por media docena de empresas a lo largo de su trayectoria.

A todo ello hay que añadir que no será nada raro alternar posiciones de empleado, mando intermedio, directivo, emprendedor, técnico, consultor o freelance en el curso de la vida profesional. Parece normal que en un proceso tan prolongado y exigente, la gestión estratégica de nuestra propia progresión profesional sea motivo constante de preocupación y de acción.

No vamos a ofrecer aquí consejos sobre lo que hay que hacer para crecer como líderes, directivos o emprendedores innovadores. Vamos a intentar justamente lo contrario, decir qué es lo que NO tenemos que hacer o qué debemos evitar para que nuestra evolución sea positiva. Estas son las principales barreras u obstáculos que habitualmente lastran o dificultan el desarrollo de carrera de un profesional innovador:

Leer el resto

Cuando hablamos de la innovación como un valor necesario para la competitividad de nuestras empresas, mostramos la tendencia natural a focalizar la atención en aquellos aspectos que implican gratificación inmediata y beneficios rápidos para todas las personas y estamentos que han de tomar parte en la gestión. La innovación presenta aspectos novedosos que tienen un indudable atractivo, y esto facilita que puedan pasarse por alto otros factores que podrían ser menos gratos. Pero los cambios, aunque sean útiles y necesarios, no son ‘gratis’ para nadie. La novedad cuenta con potencial para atraer pero también con riesgos para asustar a los más remisos.

Está claro que la actitud natural y ‘homeostática’ de cualquier organización es minimizar los riesgos, y los posibles cambios son percibidos y metabolizados como un peligro grave e inminente. Expresado con otras palabras, la mayor parte de los equipos de trabajo reaccionan ante la innovación de la misma forma en la que el sistema operativo de nuestro ordenador personal responde ante ciertas nuevas aplicaciones que intentamos instalar, siendo etiquetadas inmediatamente como virus o troyanos agresivos. La innovación es un virus amenazador, para muchos. Leer el resto

Todo líder, ya sea un cargo político o un alto ejecutivo de una empresa, se encontrará en algún momento de su ejercicio con una situación crítica que le pondrá entre las cuerdas.  Quizá un gancho de derecha, quizá uno de izquierda, y en función de cómo se mueva, esquivará el golpe y ganará el combate o le dejarán K.O. ¿Cómo debe moverse un líder en el ring ante una crisis?

“Un buen líder se pone a prueba durante una crisis. Aquellos que la afronten directamente, manteniendo el sentido de la perspectiva, son los que ayudarán a la organización a sobrevivir” concluye John Baldoni, consultor de liderazgo y coach de reconocido prestigio, en un esclarecedor artículo que ha publicado recientemente en el blog de Harvard Business Review (HBR).

Leer el resto

Hace ya más de dos décadas que el concepto de Inteligencia Emocional se hizo presente en el panorama de la gestión de recursos humanos y, sin embargo, continúa representando un modelo fuertemente innovador dada su escasa, insuficiente o inadecuada aplicación en el seno de nuestras empresas y organizaciones. Aún hay mucho por hacer al respecto, máxime si consideramos que la Inteligencia emocional es un factor significativo que representa entre el 24 y el 69 por ciento del éxito en el rendimiento y en el desempeño funcional, según el puesto de trabajo al que hagamos referencia. Lo sorprendente, es que una buena parte de nuestros empresarios, emprendedores o directivos ni tan siquiera son capaces de enunciar, en su forma más básica, el propio concepto de Inteligencia Emocional. De ahí, que sigamos considerando su potencial innovador, sobre todo en el marco de la empresa dos punto cero.

Aceptamos que Inteligencia Emocional es la capacidad para percibir y reconocer sentimientos propios y ajenos, y la consiguiente destreza para gestionarlos. Desde este planteamiento elemental, parece razonable afirmar que su relación es estrecha e intensa con un modelo de innovación en el que cobran especial relevancia la inteligencia colectiva y el trabajo colaborativo. Es obvio, que la Inteligencia Emocional se encuentra íntimamente relacionada con las actitudes cotidianas y con los comportamientos de interacción más usuales que se registran en toda empresa estructurada con criterios de innovación organizativa. A este respecto, cabe destacar tres aspectos o variables con especial trascendencia, siempre tomando como base el paradigma de la Inteligencia Emocional: Leer el resto