Casi todos hemos oÃdo hablar alguna vez del denominado sÃndrome de Burnout, también llamado sÃndrome de desgaste ocupacional (SDO), sÃndrome del trabajador desgastado o, de forma más coloquial, ‘estar quemado’. El sÃndrome Burnout suele corresponderse con la presencia de respuestas consistentes y prolongadas de estrés, ante situaciones organizativas o de carga de trabajo que se perciben como extremas por parte de quien las padece. Acostumbramos a sufrir SDO en situaciones que nos parecen de alta exigencia profesional y que, por otra parte, resultan tan habituales como inevitables, en el entorno de mercado en el que nos desenvolvemos. Ni que decir tiene que las consecuencias del SDO resultan poco agradables y aún menos deseables, tanto para los profesionales como para las empresas.
De forma usual, los primeros sÃntomas del SDO suelen efectuar su aparición cuando un profesional consume ‘recursos internos’ de forma desproporcionada y se siente incapaz de afrontar los retos cotidianos que suelen jalonar el devenir de cualquier carrera profesional. En estos casos, el empleado, de cualquier nivel jerárquico, se siente agotado y sin capacidad para actuar de forma fructÃfera en su entorno organizativo.
Cuando el SDO o sÃndrome de Burnout afecta a mandos intermedios, directivos o jefes de proyecto, en multitud de ocasiones viene provocado por lo que se da en llamar castigo de rendimiento. ¿Qué es el castigo de rendimiento? Cuando un directivo o un profesional consigue alcanzar resultados positivos en un perÃodo de tiempo breve y ante objetivos difÃciles o comprometidos, la empresa tiende a ‘recompensarlo’ con el encargo de una misión aún más penosa que la anterior. Dicho de otro modo, cuando consigues hacer bien y con rapidez algo muy difÃcil, la organización tiende a castigarte con un proyecto aún más difÃcil y con plazos aún más ajustados.





