Organización

Casi todos hemos oído hablar alguna vez del denominado síndrome de Burnout, también llamado síndrome de desgaste ocupacional (SDO), síndrome del trabajador desgastado o, de forma más coloquial, ‘estar quemado’. El síndrome Burnout suele corresponderse con la presencia de respuestas consistentes y prolongadas de estrés, ante situaciones organizativas o de carga de trabajo que se perciben como extremas por parte de quien las padece. Acostumbramos a sufrir SDO en situaciones que nos parecen de alta exigencia profesional y que, por otra parte, resultan tan habituales como inevitables, en el entorno de mercado en el que nos desenvolvemos. Ni que decir tiene que las consecuencias del SDO resultan poco agradables y aún menos deseables, tanto para los profesionales como para las empresas.

De forma usual, los primeros síntomas del SDO suelen efectuar su aparición cuando un profesional consume ‘recursos internos’ de forma desproporcionada y se siente incapaz de afrontar los retos cotidianos que suelen jalonar el devenir de cualquier carrera profesional. En estos casos, el empleado, de cualquier nivel jerárquico, se siente agotado y sin capacidad para actuar de forma fructífera en su entorno organizativo.

Cuando el SDO o síndrome de Burnout afecta a mandos intermedios, directivos o jefes de proyecto, en multitud de ocasiones viene provocado por lo que se da en llamar castigo de rendimiento. ¿Qué es el castigo de rendimiento? Cuando un directivo o un profesional consigue alcanzar resultados positivos en un período de tiempo breve y ante objetivos difíciles o comprometidos, la empresa tiende a ‘recompensarlo’ con el encargo de una misión aún más penosa que la anterior. Dicho de otro modo, cuando consigues hacer bien y con rapidez algo muy difícil, la organización tiende a castigarte con un proyecto aún más difícil y con plazos aún más ajustados.

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1. Gente que sea capaz de entender el mundo que nos rodea

Las empresas que sobreviven no son las fuertes ni las más grandes sino las que más se adaptan al cambio. Por este motivo y por otros, es fundamental que la gente sepa identificar e interpretar los cambios que se están produciendo en el mundo que nos rodea.

2. Gente que sea capaz de definir una estrategia adecuada

Un directivo es alguien que tiene que ser capaz de transformar información en acción a través de un plan estratégico bien definido.

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Las reuniones de trabajo son hoy una vieja herramienta que evoluciona al mismo ritmo del cambio de los tiempos o con las mismas pautas con las que se transforman los modelos de gestión. Por desgracia, no siempre las cosas son lo que parecen ser.

Desde hace décadas, las reuniones han pasado a formar parte de la liturgia de las empresas, y con excesiva frecuencia los profesionales y directivos se han transformado en compulsivos actores de una representación en la que todos nos esforzamos por construir una buena escenografía, aunque a menudo olvidemos los objetivos o motivaciones útiles que nos empujan a subir una y otra vez a ese escenario corporativo que es la sala de juntas.

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Se han realizado muchas investigaciones sobre los equipos de alto rendimiento a lo largo de los años Un buen libro al respecto es “Developing High Performance Work Teams”, de la American Society for Training and Development. La razón es muy sencilla: si somos capaces de copiar lo que hacen los equipos excelentes, conseguiremos excelentes equipos en nuestras organizaciones. Después de depurar multitud de informaciones, existe un acuerdo generalizado entre los diferentes estudiosos del tema sobre el hecho de que se dan una serie de características o cualidades de comportamiento coincidentes en todos los equipos. Lo difícil es precisamente eso: copiarlas y adaptarlas a nuestras organizaciones.

La pregunta que surge inmediatamente es la siguiente: ¿Por qué si conocemos lo que tenemos que conseguir para que un equipo dé excelentes resultados nos resulta tan difícil en ocasiones ponerlo en práctica? La respuesta es, probablemente compleja y obliga a navegar, como en la mayor parte de las ocasiones, por las profundidades de las emociones y el comportamiento humano. Veamos a continuación algunas de las características presentes en los equipos de alto rendimiento y algunas de las cuestiones que podrían dificultar su consecución.

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Innovación, innovación y más innovación… A menudo la boca nos duele y se nos colapsa el discurso de tanto hablar, escribir y especular sobre innovación, modelos de negocio y empresa dos punto cero. No es extraño que con nuestra insistencia seamos capaces de aburrir a un tamagotchi o desesperar a una oveja biónica.

Pero en multitud de ocasiones, olvidamos considerar un factor implicado de enorme relevancia: la productividad. En efecto, tal vez sea este un buen momento para preguntarnos ¿qué pasa con la productividad de los trabajadores del conocimiento?, ¿estamos haciendo todo lo posible para mejorar el rendimiento de los empleados, líderes y gurús del conocimiento? Aún no estamos muy seguros de que sea así, y por ello bien vale dejar espacios para formular alguna reflexión al respecto.

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