La supervivencia, el progreso personal y profesional en el seno de una organización competitiva e innovadora no son, para nada, tareas simples o relajadas. Es obvio que el trabajo colectivo en estos entornos constituye un desafío, pero no es bueno que olvidemos que el ejercicio cotidiano de un profesional cualificado en la innovación requiere de condiciones y esfuerzos que a menudo no son fáciles de implementar ni de impulsar.
Tal y como suele decirse de los bebés cuando nacen, los directivos o los mandos intermedios tampoco traemos incorporado prospecto o manual de instrucciones en el que pueda leerse cuál es la posología del éxito; cuales son las contraidicaciones de la excelencia profesional o cuales son las incompatibilidades de la innovación. Parece que ese libro de estilo lo perdimos hace tiempo o tal vez nunca lo tuvimos.
Empleamos mucho tiempo y considerable esfuerzo en facilitar la excelencia colectiva, pero con frecuencia solo somos capaces de enunciar unas cuantas ideas inconexas y poco prácticas con relación al progreso profesional, algo que debemos considerar un requisito previo a la tan deseada excelencia corporativa o a la práctica efectiva de la mejora continua.





