El paulatino avance de los modelos innovadores de negocio nos ha proporcionado, en los últimos años, un concepto controvertido, aunque de indudable utilidad práctica, lo que denominamos ‘experiencia del cliente‘. Lo pintoresco de esta valiosa formulación es que, hasta la fecha, nadie ha sido capaz de definirla o, al menos, de enunciar una formulación práctica que todos podamos reconocer como veraz y útil.
No deja de ser curioso que la mayoría coincidamos en afirmar que mejorar la experiencia del cliente es algo que propicia la consecución de una ventaja competitiva, pero no hayamos podido definirla. Casi siempre tratamos de conceptualizar la experiencia del cliente con referencia a supuestos o procedimientos muy concretos y eso, obviamente, no nos ayuda a alcanzar un acuerdo al respecto. Ni mucho menos.





