Como pompas de jabón, las burbujas financieras, especulativas o de mercado se forman poco a poco. Comienza la fiebre compradora, soplan los actores de los mercados y las empresas se van hinchando. Despegan y sobrevuelan todo el globo, cada vez más grandes y más opacas. Y claro, nadie quiere quedarse fuera se entienda o no la pompita. Y de pronto estallan, aunque cuando lo hacen todos decimos que ya lo veÃamos venir, pero al final nos explota a todos en la cara y ¡crash! tiembla la estructura financiera. ¿Aprendemos de los errores?, ¿por qué no somos capaces de predecir las burbujas y evitar que se formen?
Lo cierto es que aunque vamos aprendiendo, sin embargo volvemos a tropezar con nuevas piedras una y otra vez. Siempre aparece algo nuevo que nos sorprende. Ocurrió en el siglo XVII con la crisis de los tulipanes en Holanda, el crack 1929, en los 90 con la crisis inmobiliaria de Japón, en el 2000 con la burbuja de las .com que se produjo alrededor del despegue de la industria de Internet.

