Estrategia

En líneas generales, nuestro bagaje nos empuja a concebir el mayor o menor logro de las empresas de forma individualizada e independiente de su entorno social. Es un hecho que tenemos la tendencia a percibir la prosperidad y el crecimiento de las organizaciones desagregándolas por completo de su contexto social y productivo, sin apenas relacionarlas con su territorio, con su comunidad o con sus redes relacionales. En virtud de nuestra formación y de nuestra tradición empresarial, no podemos evitar contemplar a cualquier negocio como una isla de éxito, de fracaso o de ostracismo, descartando las obvias interacciones entre empresa y sociedad.

El concepto de Responsabilidad Social Corporativa (RSE) ha conseguido cambiar tímidamente las ideas precedentes y propiciar una visión más global, aunque aún nos queda mucho por avanzar en esta línea. Multitud de empresas de todo el planeta siguen compartiendo una buena parte de los patrones clásicos de rentabilidad, creación de valor o rendimiento financiero a corto plazo, sin que consigan abrirse paso claramente los postulados que persiguen un equilibrio razonable entre la eficiencia económica y el progreso social. Han conseguido entrar en nuestro discurso pensamientos relacionados con la sostenibilidad de la actividad productiva o con el posible agotamiento de los recursos naturales, pero aún estamos lejos de admitir la idea que sostiene que las empresas y la sociedad pueden ser capaces de crear valor compartido. Leer el resto

Es creencia generalizada que la figura del emprendedor ha de ir indisolublemente asociada con una idea de negocio original, única e impactante. Sin idea previa claramente diferenciada no hay modelo de negocio, ni negocio propiamente dicho. Pocos dudan de esta formulación. Es más, para recibir la teórica calificación de emprendedor y todas las bendiciones correspondientes, el emprendedor tiene que acreditar la paternidad de una idea brillante e innovadora, sin precedentes conocidos y con suficiente poder para generar curiosidad, interés y magnetismo en su entorno. En definitiva, parece obligado que todo emprendedor sea propietario y creador de una idea sexy.

Por ejemplo, las denominadas start-ups son sexy por definición porque, en caso contrario, no recibirían tal denominación y las consideraríamos al margen de la innovación, en la gran mayoría de los casos. Queda claro que una idea de negocio sin sex appeal no nos sirve para incorporarnos al selecto club de los emprendedores y, como mucho, nos convierte en pequeños empresarios o vulgares impulsores de negocios al uso.

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El cambio organizacional es un tema típico de la literatura empresarial. Muchos autores han tratado de definir el proceso típico por el que una organización experimenta una transformación que afecta a sus procesos y a su cultura. Sin embargo, la visión más perspicaz y universal que yo he encontrado no está en un libro de gestión. Se resume en cinco versos: los únicos del formidable aunque no muy comercial canción “Fourteen black paintings” del album “Us” de Peter Gabriel (1992).

“From the pain come the dream

From the dream come the vision

From the vision come the people

From the people come the power

From this power come the change”

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Con el paso de los años, los planes de negocio o planes de empresa se han convertido en herramientas más que usuales para los emprendedores. De hecho, este colectivo puede dividirse en dos grandes categorías: los que disponen de un plan de empresa y los que aún lo están elaborando. En efecto, si tienes una idea de negocio jamás podrás reconocer en público que no dispones de plan de empresa sin que aflore la inquietud o sin que un intenso rubor invada tus mejillas. Si no tienes plan de empresa, tu proyecto emprendedor tendrá todas las papeletas para ser invisible o incluso inexistente.

No obstante, tal vez haya llegado el momento propicio para que formulemos una pequeña reflexión crítica y constructiva sobre ese documento filosofal, al que pomposamente denominamos plan de empresa. En primer lugar, hemos de preguntarnos por qué dedicamos tiempo, esfuerzo o dinero para disponer de un plan de empresa para nuestro futuro negocio.

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Infografía de Flowtown

Nadie puede negar que las redes sociales han venido aquí para quedarse, pero mucho menos las empresas. Es cierto que no todas las corporaciones necesitan estar presentes en todas las redes sociales, pero me atrevo a decir que todas las empresas podrían sacar partido de una forma o de otra de los nuevas plataformas para mejorar sus estrategias de negocio y conseguir ampliar sus beneficios.

La comunicación externa, la comunicación interna, el marketing, los departamentos comerciales… Todos los departamentos de la empresa podrían aprovechar alguno de estos canales para aumentar la productividad, ahorrar costes y mejorar notablemente las labores de promoción y difusión comercial. ¿Y tu empresa? ¿Estás aprovechando al máximo todo lo que los avances tecnológicos han puesto a tu disposición?

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