Es creencia generalizada que la figura del emprendedor ha de ir indisolublemente asociada con una idea de negocio original, única e impactante. Sin idea previa claramente diferenciada no hay modelo de negocio, ni negocio propiamente dicho. Pocos dudan de esta formulación. Es más, para recibir la teórica calificación de emprendedor y todas las bendiciones correspondientes, el emprendedor tiene que acreditar la paternidad de una idea brillante e innovadora, sin precedentes conocidos y con suficiente poder para generar curiosidad, interés y magnetismo en su entorno. En definitiva, parece obligado que todo emprendedor sea propietario y creador de una idea sexy.
Por ejemplo, las denominadas start-ups son sexy por definición porque, en caso contrario, no recibirÃan tal denominación y las considerarÃamos al margen de la innovación, en la gran mayorÃa de los casos. Queda claro que una idea de negocio sin sex appeal no nos sirve para incorporarnos al selecto club de los emprendedores y, como mucho, nos convierte en pequeños empresarios o vulgares impulsores de negocios al uso.





